YO… ¿AL PACINO?
MICHAELANGELO BARNEZ
<b>El pasado 18 de Mayo fue mi cumpleaños y la pasé encamado toda la bendita mañana con soledad, no en una aventura erótica, como cuando tenía 19 años, sino enfermo cumpliendo mis 60’s. No sé sí era por la edad o, carajo! por la edad, ya no hay otra excusa, porque estaba con fiebre y escalofríos, además de los dolores musculares y de las coyunturas óseas. Exactamente como si me hubiera atropellado un camión o después de haber bailado toda la noche con Shakira “Ojos Así”, sólo la partecita que Uds. ya saben. Y para reanimarme en la noche me di un duchazo y así recibir a mi mejor amigo, Eduardo, quien venía a visitarme a pesar de haberme negado a recibir a todos los que generosamente me llamaron a saludarme.
La cena estuvo deliciosa y la conversación mejor, acompañado de mi nieto Raymond, de mi hijo Ernesto, de su esposa Rocío quienes se encargaron de todo, y además mi amigo.
Pero tan pronto me quedé solo, como si hubiese tenido un contrato con la enfermedad, el malestar regresó multiplicado por, no sé, me gustaría decir por un infinito para que así nada pueda superarlo mas tarde.
Así que, como soy viejo pero no estúpido, aun, me automediqué y tomé 1000 mgs de Paracetamol, y los dolores y el malestar general desaparecieron, ¿que querías que haga? ¿Que vaya a emergencia pasada la medianoche y regrese a mi casa con algodones en los orificios nasales, oídos y otros y en una caja de madera por una simple gripe?; ¿O llame al Doctor a esa hora para que me recete 1000 mgs de Paracetamol y me cite a su consultorio al día siguiente? No “way José”. Así que, calculando el mal menor, que ahora esta de moda, opté por tomar las dos pastillas y luego me fui a dormir como bebito recién bañado y repleto de leche. Como verás ya no estaba en mis cabales.
Al día siguiente, temprano, porque no estaba dispuesto a repetir el paliativo sino a curarme, fui a ver al doctor. Y así fue, estrictamente a la letra, yo lo vi pero él no vio nada en mí, a pesar que a esa hora ya todo el malestar había regresado. Me pidió que abriera la boca para verme las amígdalas, me oscultó con su estetoscopio el pecho y la espalda, y yo me dije para mis adentros “Carambas, este joven doctor esta siguiendo la rutina medica... Él sabe...” luego tendría que tragarme mis pensamientos.
El Doc me dio unas palmaditas en el hombro y me dijo “Señor Michaelangelo Barnez... Ud. No tiene nada...” Si el asunto era acerca de dinero hubiera acertado.
“¿Nada? ¿Nada de qué, Doctor?”
Y sonriendo me dijo muy comprensivo “Ud. Está sano... Pero tal vez el cumplir 60 como me contó lo haya deprimido... y crea que tiene los síntomas que me dice... Pero como una psicoterapia le voy a recetar que tome 1000 mgs de Paracetamol cada 8 horas si es necesario... es inofensivo” y sonriendo me alcanzó la receta. Yo lo miré a los ojos, sonriendo también, pensando “Fuck you!!!... por eso muere tanta gente... en manos de semejantes doctores”.
Claro que las pastillas me iban a calmar el malestar, eso lo sabía desde chiquito, pero el matasanos fue a una universidad por casi diez años a estudiar una carrera médica; como si un Ingeniero Civil le dijese a un grupo de albañiles lo obvio de que el concreto va endurecer después de unas horas.
Sabía que la droga recetada no me iba a curar, pero, lo peor de todo es que no sabía lo que tenía. Así que me fui a ver otro doctor porque aun sigo creyendo en la ciencia medica aunque desconfíe de mis congéneres.
“Hello… Michaelangelo” me dijo el doctor como saludo de bienvenida, después de haber estado esperando 30 minutos en la antesala de su consultorio. Claro está que en ese intermedio tenía que llenar la ficha médica con mis datos personales, los que fueron del conocimiento del matasanos antes de atenderme.
“Are… you… from… Long… Beach” agregó balbuceando su rudimentario ingles. A lo que respondí en un ingles fluido, lo cual no fue entendido por el galeno. Así que prefirió dar por terminado su intento.
Entonces agregó, mas afable y cortes “¿Es Ud. Peruano?”
“Si, doctor, soy mas peruano que el Pisco.” Contesté tratando de mostrar ánimo, ya que no había vuelto a tomar los calmantes con la intención de que el doctor me viera realmente tal como estaba, y evitar así un mal diagnostico.
Entonces, así, con fiebre y escalofríos, y con los malditos dolores de huesos y musculares, me atreví a bromear, que más me quedaba después de los $20 dólares pagados al veterinario anterior y los otros 20 al doctor ahora.
“Doctor… Soy tan peruano que me dicen ‘Vikingo’…” le dije de manera afable.
“Vikingo?...-repitió intrigado y añadió-… Bueno, por la barbita y la cola de caballo que lleva como…”
“No doctor…-le interrumpí, y agregué-… me dicen vikingo porque creen que soy un cruce de vicuña con gringo”.
“Ja, ja, ja” rió el galeno y por un instante me olvidé de mis males.
“Que gracioso es Ud. Mi amigo” me dijo tratando de calmar su risa.
“Doctor, sólo le estoy diciendo la verdad” y me mantuve serio, que es la mejor manera de contar un chiste, y agregué “Pero creo que no es justo, porque de gringo no tengo nada, sólo mi cuenta bancaria”
“Pero Ud. luce como un extranjero, deben ser los años que vive en… Lon Twist…?”
“Long Beach, doctor, en California… -le corregí amablemente, e inmediatamente le dije-… Pero haciendo mas justicia a de mi identidad, me dicen Alpachino”
“Ajá.. Ya sé, porque te pareces al actor de “Caracortada, no?”
“Ya quisiera doctor, pero la realida es otra, me dicen Alpachino porque soy un cruce de Alpaca con Chino”
El doctor rió hasta toser, y tuvo que salir de su consultorio porque se orinaba ante la presión de querer reprimir la risa provocada de una manera tan repentina.
El galeno regresó después de cinco minutos mostrando un rostro afable, en el que se podía ver que se había lavado la cara para relajarse, controlar la risa y proseguir con su trabajo.
“No esperaba reírme tanto… -me dijo, y agregó mirando la ficha medica-… y menos de un paciente que tiene 40 de fiebre”
“Doctor, sólo por estos instantes he olvidado la fiebre y los dolores”
“Bueno, dejeme decirle algo ‘la risa es el mejor remedio’ y Ud. se esta curando… Por favor abra la boca…” Y el doctor prosiguió con la rutina médica.
Efectivamente, estaba con una bronquitis aguda que necesitaba más inyecciones de antibióticos que las carcajadas que me iban a producir los pinchazos.
¿Hoy estoy sano? No. Pero estoy luchando por sanar... Al drogarme me concentro con la mejor actitud, pensando que las medicinas me van a sanar cada vez que las tomo...Veremos... Ya van cinco días...
<img src="http://blogs.escritorium.com/imagenes/sick300.jpg" />
Y estos fueron los recuerdos de una gripe complicada de hace casi seis meses atrás. Hoy otra vez con otra gripe, para reanimarme, decidí escribir estas líneas, entre escalofríos, fiebres y melancolías. Hasta pronto.</b>
2007-10-15 23:35:57